TIEMPO ATRÁS

La veintena en la “era de las oportunidades”

Tengo 24 años y formo parte de ese numeroso grupo de personas que no sabemos qué va a ser de nuestras vidas.

Actualmente tengo trabajo, por lo que no me puedo quejar, pero el contrato acaba en unos meses así que más que un trabajo es una tregua para enviar los cientos de solicitudes de empleo que el final del Master no me dejó mandar. Es tiempo de decisiones, hoy en día hay tantas oportunidades y ninguna a la vez; un mundo por conquistar y ningún éxito asegurado.


Es el tercer año que vivo fuera de casa y las decisiones, las tomo por inercia. Allá donde haya trabajo iré, ¿qué otra opción hay? Me fui por mi propia voluntad y lo volvería a hacer, de hecho, me quedan muchas ciudades por vivir antes de volver, el mundo es muy grande.

Nos vendieron la pirámide de Maslow y el “sentirse realizado” se troncha de la risa desde la cúspide. Veo a gente a mi alrededor que lleva una vida partiéndose el espinazo trabajando y no creo que su justificación se aleje mucho del clásico: “porque es lo que hay que hacer”.

Pero hoy en día, esa afirmación se vuelve peligrosa; el sentido del deber y el comer caliente te puede mandar al otro confín de la tierra guiado por una vacante; conocer mundo, aprender idiomas y vivir una experiencia enriquecedora, pero “casa” está lejos.

Tus amigos también tienen que perseguir sus ofertas de trabajo y tu novio también. Tu familia sigue donde la dejaste aunque han aprendido a vivir sin ti. Ni unos ni otros se dan cuenta de todo lo que cambian en tan solo unos meses. Tus amigos se sienten como tú, expectantes, intentando averiguar qué es lo que ya no es igual en cada uno de los miembros de la cuadrilla y esforzándose por no sonar demasiado ajeno cuando hablan de lo que ahora es su vida. Tus padres se hacen mayores, tienen el lomo doblado de trabajar pero sin perder la ilusión por la vida, cuentan aventuras y hacen planes para la jubilación.

 ¿Es eso lo que me espera? ¿Dejarme llevar por la oferta de empleo de mayor duración e ir haciendo planes para los escasos ratos libres? ¿Dónde se quedó aquello de que te “llene” tu trabajo? ¿Es realmente importante? Sabía que no era verdad del todo, pero también me dijeron que en el S.XXI el límite, es el cielo.

No tengo ningún problema en asumir que lo que hay que hacer es trabajar y que ganarse la vida conlleva esfuerzo. Lo que me da miedo es que el destino me obligue a ganarme una vida en la que solo haya un trocito de mundo conocido, un idioma que ya dominas y una experiencia que un día fue enriquecedora.

Me pregunto si en el mundo de las oportunidades algún día volverá a estar activa la casilla “casa”; los bares pueden cambiar, tus amigos se echarán novia formal y sus prioridades también cambiarán y los planes no serán los mismos, pero seguirá siendo “casa”.

… De momento, tendrá que esperar.

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