TRAVELS

Road-trip in Portugal

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La Semana Santa pasada, como casi todo el mundo según Instagram estuve en Portugal: Cascais – Sintra – Nazaré. Un viaje que recomiendo a cualquiera y que seguro repetiré.

1st Day

Nuestra primera parada fue el paseo de la Praia do Tamariz, Estoril, con las vistas de Cascais al fondo y la foto en el imponente Casino de Estoril. La pequeña ciudad de veraneo considerablemente concurrida ya en Semana Santa resultó ser el lugar perfecto para probar el primer bacalao del viaje. Buscamos un sitio para comer entre los restaurantes de la playa, como siempre evitando caer en el típico de guiris, encontramos el Restaurante Bolina donde la comida, el trato, el precio y la calidad además de la ubicación resultaron inmejorables. Un buen comienzo, sí señor.

La Av. Marginal nos llevó hasta nuestra segunda parada después de comer; Cascais. Palacetes señoriales, parques tremendamente cuidados con animales sueltos, arboles de muchas especies y zonas recreativas; y grandes hoteles de cinco estrellas contemplan el mar desde la nariz de la península ibérica. El casco antiguo: bullicioso, lleno de tiendas, bares y restaurantes. Ambiente marinero. Mercados artesanales, pequeñas playas en pleno centro, casas de pescadores y un puerto deportivo que alberga el Club Naval de Cascais.

Para cenar elegimos el Lucullus Restaurant & Lounge Bar, una fusión entre comida italiana y shushi con decoración de asiática, shushi bar, mesas altas y una hilera de hamacas donde comer recostados con mesitas supletorias de madera. Diferente, divertido y todo riquísimo.

El Cascais Boutique Hostel nos acogió por una noche en una de sus 7 habitaciones. Es una casita de dos pisos reconvertida en hostal, con un baño y una cocina en cada planta; y un jardín con porche muy acogedor. Todo ello cuidado con infinito cariño para dar al viajero otra visión de Cascais que nada tiene que envidiar al lujo que le rodea.

2nd Day

El paseo marítimo de Cascais se prolonga hacia el Oeste pasando por el accidente natural conocido como la Boca del Infierno, así llamado por el ruido que producen las olas al retumbar en el interior de la roca horadada. Más adelante, en la N247 se encuentra la impresionante Praia do Gincho donde los locales van a hacer deporte, pasear o coger percebes. Una de las playas más espectaculares y salvajes del road-trip. La carretera discurre hacia el interior pasando por bosques y arboledas que forman túneles que atravesar con el coche hasta la desviación a la izquierda que desemboca en el Cabo da Roca; el confín de la tierra, el punto más occidental de Eurasia. “Donde acaba la tierra y el mar comienza” como reza el monolito.

El día estaba despejado y la visibilidad era brutal; uno de los paisajes más bonitos que he visto en mucho tiempo, de esos que muestran la enormidad de la tierra, la inmensidad del océano y que hacen que las cosas pequeñas parezcan aún más pequeñas.

Camino al Norte llegamos al destino de nuestra segunda noche, Sintra.

A las 11h de la mañana ya era imposible la circulación por el centro de Sintra, los parkings estaban abarrotados y tanto la subida como la bajada al Palacio de la Peña era un colapso absoluto. Tras dejar las maletas fugazmente en el céntrico hostalito que teníamos reservado y caminar por el atestado paseo que lleva al Palacio Nacional, dimos una vuelta por las escasas calles que componen el centro urbano del lugar.

3rd Day

A las 7 de la mañana sonó el despertador, compramos algo de desayuno en una panadería que estaba abriendo y subimos al Palacio de la Peña mientras el resto de Sintra empezaba a desperezarse; no se podía volver a repetir el agobio de gente del día anterior. Fuimos los primeros en visitar el Palacio, aunque una cola terrible seguía nuestros pasos. La recompensa de subir la cuesta a paso ligero fueron unas fotos únicas en las que no aparecía ningún otro turista en cámara más que yo. Cuando acabamos con el romántico y colorido palacio fuimos a visitar el Castillo dos Mouros; recorrimos toda la muralla con todas sus banderas y escaleras, además de la cisterna. Desde allí arriba era tan bonita la vista del Palacio de la Peña como de los palacetes que inundan Sintra. Habíamos conseguido ver ambos monumentos con relativa paz aunque con algo de sueño.

Rumbo al norte en busca del pueblo pesquero conocido por albergar la ola más grande del mundo jamás surfeada con 27m por Garret McNamara.; Nazaré.

Con 17km de playa el pueblo de Nazaré tiene el ambiente de los pueblos de veraneo de toda la vida. En lo alto del funicular (o los 150 escalones) se encuentra la parte antigua con la iglesia y la plaza. Todo mira al mar. Una sucesión de balcones y miradores permiten al visitante a contemplar las vistas desde todos los ángulos posibles hasta llegar al Fuerte de San Miguel. Este fuerte hace las veces de museo y contiene los detalles sobre la sima de 2.000m que permite la generación de tales olas y las tablas (algunas rotas) de los valientes que han completado al reto de surfearlas. Además éste es el mejor punto para apreciar el tamaño de las olas en época de mareas vivas.

 

Aquella noche de sábado completamos nuestro viaje cenando una “Cataplana”, el plato típico local parecido a las calderetas de pescado con arroz, almejas y rape; fue el final perfecto.

 Como todo road-trip, nuestra Semana Santa terminaba poniéndonos en carretera dirección a casa, fue un largo domingo de retorno, pero nada nos quitó la satisfacción del viaje completado, el recuerdo, los sabores, las luces y los olores de los sitios visitados. Tristes por abandonar Portugal, pero contentos porque sabemos que volveremos.

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