AKELARRE, Nutricion

¿Comes por ansiedad? Este es mi caso

Éste post va a ser altamente criticado, lo sé

Dicen que la comida es la droga más común y sobre todo cuando se utiliza como herramienta anti-stress. Algunas veces nos damos cuenta, otras no, en ocasiones lo hacemos adrede o incluso nos damos cuenta cuando es demasiado tarde. En una cultura que todo lo celebra en torno a una mesa es muy difícil trazar la línea que separa el gusto por la comida con la adicción a la comida.

Si bien es cierto que la comida debería servir exclusivamente como medio para cubrir el aporte necesario de nutrientes a nuestro organismo, en la práctica no siempre es así. A mí me pasó y hasta que no vi las orejas al lobo no tomé la decisión de cambiar de hábitos. Siempre me ha encantado la comida y me gusta comer de todo, quedar con amigas para comer y beber e incluso cocinar – poco, pero algo -. Como siempre he hecho mucho deporte y mi genética me ha regalado un estomago que lo soportaba todo nunca he tenido problemas ni con las tabletas de chocolate, ni con los jalapeños, ni con el gluten y si alguna vez me pegaba un atracón en la comida para la hora de la merienda ya se me había pasado. En este país y más en mi tierra, la vida se hace en torno a una mesa, es un elemento cultural y social; pero la salud es solo mía. ¿Cuántos helados te has comido a cucharadas mientras veías una peli de lloros? ¿Cuántas chocolatinas te has zampado mientras preparabas un examen? ¿Cuántas veces te aburres en el sofá y te comes los cereales? ¿Cuántas noches llegas cansada y cenas lo primero que pillas? ¿Cuántos días picas una porquería delante del ordenador al mediodía y cenas como si se fuese a acabar el mundo? y no solo eso, vamos de viaje y lo probamos todo y nos traemos de recuerdo más comida, total estamos de viaje perdemos el control, total es verano, total es Navidades, total es fin de semana, total es un día. Un día más otro, más otro, más otro,…, pero… ¿tu salud también coge vacaciones? Las vacaciones, las celebraciones, el cansancio, el estrés y el aburrimiento van a seguir formando parte de tu vida quieras o no, lo único que depende de ti es cómo gestionarlo. Ésta frase ahora la digo muy fácil pero hace no pocos meses era completamente distinto. Una mala época con muchos cambios, decisiones y un montón de comida por delante. Mientras comía no pensaba ni en los problemas ni en que estaba comiendo, simplemente comía. Era una sensación parecida a cuando meto la cabeza en el agua fría del mar, dejo de pensar, me evado, nada malo me puede ocurrir. Al principio comes lo que tienes delante, todo lo que tienes delante, luego vas a buscar la comida y se te ocurren ideas maravillosas para comer. Das un par de vueltas del sofá a la cocina en busca de comida pero la verdad es que te podrías quedar sentada en la puerta de la nevera total, vas a volver porque lo necesitas. La excusa es que tienes hambre, la línea del hambre es lo primero que se pierde. Comer cuando estás sola es mejor porque nadie opina y de paso no estás sola, estás comiendo. El azúcar, el trigo, la leche, son alimentos que crean adicción, está demostrado. Como el alcohol o el tabaco. Es una adicción real, pero a diferencia del alcohol, no está mal visto que lo consumas sin medida e incitar a su consumo es lo más normal del mundo. Qué bien come esta chica, normal con todo el deporte que hace… ¿Quieres repetir? Porque además de comer todo el mundo opina: -si estás delgada-, -si yo estoy peor-, -si no te hace falta adelgazar-, -si es lo normal-. Y así un día tras otro, tras otro, tras otros, porque total es un día. Es un día con tus amigas, es un día con tus padres, es un día con los compañeros del trabajo, es un día en el sofá, pero tu salud está todos esos días únicos. Y llegas a casa y te sientes peor por todo lo que has comido pero lo único que te hace sentirte mejor es seguir comiendo y como comer te evade llegas a no darte cuenta de que en realidad no te cabe un gramo más de comida, de que lo que sigues comiendo solo te hace daño, de que te duele el estómago y tu cuerpo te está gritando que pares. Yo me destrocé el estómago, además de coger muchos kilos de peso pero cuando estás dentro de unas métricas por debajo del umbral de la obesidad ningún médico se preocupa aunque hayas engordado 15 kilos en tiempo record. Cuando la salud se afecta deja rastro para toda la vida, si te destrozas el estómago nunca más vas a volver a comer jalapeños como si nada en toda tu vida y te lo has hecho tú solita y sin ayuda, por comer. Pero comer no es fumar, no lo dejas y punto, comer es necesario para el cuerpo ¿Algún ex alcohólico tiene prescrito tomar una copita de vino al día para la tensión? No puedes distanciarte de la comida ni puedes impedir que la sociedad en la que vives se ponga al lado de la ventana para comer en Navidad. Ésta es mi experiencia y no se la deseo a nadie sobretodo porque se pasa mal durante, pero el después es para toda la vida. Reponerse de una adicción es una maratón. Y como de todo se aprende en esta vida ahora he desarrollado una nueva relación con la comida. Como, me alimento, viajo, pruebo cosas, quedo y me tomo algo sí, pero de otra manera. La verdad, aún me da miedo volver a perder el control, no ha pasado suficiente tiempo. En mayor o menor medida hay muchísimas personas a mi alrededor a las que les veo gestionar sus emociones con comida – ésta frase me la tuve que aprender como un mantra y no fue nada fácil interiorizarla- de alguna u otra manera me veo un poquito en ellas y por ello, por si alguna vez leen esto y se sienten identificadas aunque sea en parte os dejo una lista de las cosas que he aprendido:
  1. Gestionar las emociones concomida es tanto comer, como dejar de comer, como mal comer, vomitar o hincharse a diuréticos;como todo lo que no sea utilizar la comida para alimentarte.
  2. Todas las mujeres mienten. ¿Sabes esa amiga que tiene una genética privilegiada que come todo lo que tú no y sigue ideal? Pues en el 90% de los casos miente, porque genética privilegiada es eso un privilegio que tienen muy pocos. No tienes ni idea de si tu amiga cuando llega a casa vomita o si se pasa el resto de la semana con una uva. No te compares. ¿Sabes tu otra amiga que tiene una personalidad muy fuerte que leda igual todo y es feliz y por eso come sin parar? Pues tampoco tienes ni idea de si llora cuando se mira al espejo. No te compares, no te midas con la misma vara que a los que te rodean, no te dejes llevar. ¿Sabes cuando en tu casa te quieren mucho y te lo demuestran con croquetas? Tu familia canaliza su amor en forma de croqueta y te hace mucha ilusión pero la que se las come eres tú – tu abuela vivió una posguerra y lo entendemos pero tú no-.
  3. Tu cuerpo y salud son tuyos y dependen exclusivamente de tus decisiones. Lo que tu llamas razones son excusas y note va a entrar en la cabeza hasta que no te dé la gana a ti. No tengo tiempo,no tengo dinero, es que es un día, es que me lo han traído de regalo, es que para una vez que le veo, es que no puedo decir que no, es que no quiero ser la rara, es que con el trabajo no puedo, es que no se cocinar, es que tenía que probarlo, es que es tradición, …, te suenan o sigo? Excusas.
  4. No estamos hablando de estética, es salud. Puede parecer lo contrario pero nadie está hablando de estética, tu cuerpo tendrá el tamaño que tú quieras pero aliméntate bien. Personalmente he aprendido que mi báscula puede ir por la ventana. El peso es la variable más sencilla del mundo de trampear, por ejemplo, tener la menstruación o ir al baño son factores que hacen que tu peso en un día pueda variar hasta 5kg Si haces durante una semana una dieta restrictiva tu cuerpo puede perder otros 5kg de puro agua sin tocar ni medio gramo de grasa; lo cual es muy poco útil si realmente lo que quieres es quitarte grasa. Este artículo no pretende ser ni “apología de la anorexia”,ni vender el “prototipo estético de la mujer delgada” ni contarte que estás “perfecta en cualquier peso”, mi mensaje es que no dejes que la comida destruya tu vida,úsala para alimentarte de forma sana y si quieres cambiar tu cuerpo, haz deporte.
  5. Nadie ha dicho que no te comas las croquetas de tu abuela o la tarta de tu cumple, pero no van a desaparecer del mundo. Usa el sentido común. Lo que aquí pretendo contar no es un modelo de vida que destruya tu felicidad y te haga vivir esclavo de una secta healthy,no dramaticemos. El sentido común es muy importante, se puede hacer todo lo que digo integrándolo en una vida normal, pero si tienes un verdadero problema,como tuve yo, con la ansiedad y la comida, lo siento pero no tienes una vida normal, tienes un problema al que poner solución.
  6. No tenemos ni idea de la mierda que nos venden en el super in en los restaurantes. Sinceramente yo creía que comía bastante bien, en mi casa nunca nos han dejado comer bollería industrial ni pre-cocinados, los fritos eran excepción y todas éstas cosas pero con el nutricionista he aprendido que en el supermercado hasta el salmón ahumado lleva azúcar! No tenía ni idea. Para conseguir un yogur sin edulcorantes tuve que leerme 10 etiquetas y ojo! Porque por lo visto las marcas a veces cambian los ingredientes. También he descubierto que todas las galletas del super son consideradas bollería industrial, no se salva una, ni las de “dieta”, los productos –eco-bio–diet-… de la mitad no te puedes fiar. Si le das la vuelta a la etiqueta, allá donde dice “ingredientes” empieza la risa…Los productos con anuncio de 0%, sin azúcares, light o integrales, la mitad es mentira, o mejor dicho, lo cumple en un porcentaje ínfimo. Hay “chocolate puro”cuyo primer y por lo tanto, del que mayor cantidad hay en el producto es el edulcorante;más que de cacao! Así que nota mental: leer etiquetas
  7. ¿Es hambre o es otra cosa? Para mí es lo más difícil cuando empiezas a intentar controlar la ansiedad; saber si lo que te pide el cuerpo es por hambre o por ganas de comer. En mi caso, había tenido mi mecanismo sometido a ingestas calóricas muy bajas por lo que mi cuerpo pasaba “miedo” de no volverá comer, de volverse a ver en déficit calórico y por ello pedía comer. -Es como cuando tu abuela llenaba la despensa por si había huelga y después todo se caducaba y se echaba a perder – La forma de atajar esto y demostrarle al cuerpo que no tiene por qué tener miedo es respetar las ingestas “que manda el manual”:comer mínimo 6 veces al día, ingerir todos los tipos de alimentos que tu cuerpo necesita como hidratos, grasa, proteínas, verduras, lácteos, legumbres, todos sin saltarse ninguno. De ésta manera ya sabes que hambre no tienes porque ya has ingerido lo que tu cuerpo necesita para funcionar correctamente. Para mí lo que más me ayudó fue esto, tener una rutina marcada con la comida que tenía que comer a cada hora y no saltármela bajo ninguna circunstancia hasta que mi cuerpo lo tomase como normal.
  8. Hazte un plan! Tener una rutina marcada es sin duda lo que más de ayuda. Todos los domingos dedico un ratito a componer un Excel donde reparto las 14 ingestas principales semanales (comida y cena) y todas las intermedias (media mañana, media tarde 1 y media tarde2) Con esto saco la lista de la compra y así no tengo que volver 40 veces en la semana. Además ésta planificación me sirve para cocinar menos (que nunca me sobra el tiempo) por ejemplo: si el lunes y el miércoles me toca pescado con arroz, el lunes cocino arroz para dos veces en vez de solo para uno y así cocino la mitad. Por otro lado también es útil si el fin de semana comes algún día en restaurante saber si te toca carne o pescado puede ayudarte a elegir sin necesidad de saltarte el plan.
  9. Sáltate la rutina pero no la hagas estallar por los aires. Es la diferencia entre rutina y excepción, pero si de 14 ingestas principales que tiene la semana te saltas la dieta las 6 correspondientes al fin de semana tu excepción representa el 43% de tus ingestas semanales; 43% no es una excepción. Por cierto, todas las teorías de la compensación no se aplican, es decir, tu podrás ir con la calculadora pero tu cuerpo no. Si comes de más no sirve de nada dejar de cenar porque tu cuerpo ya lo ha convertido engrasa y dejar tu cuerpo si alimentar toda la noche solo hará que te pongas las botas en el desayuno o aumente tu sensación de hambre, vuelve ese “miedo a no volver a comer”. Cuando tienes un problema con la ansiedad, un mal fin de semana hace que te comas 32 croquetas y ello te deprima y te haga sentirte débil y en consecuencia, cuando llegues a casa no puedas parar de comer. En cambio si te sientes fuerte, pruebas tres croquetas, te encantan y además en vez de sentirte culpable, te sientes orgullosa. Es el riesgo del efecto dominó de una excepción o lo que es lo mismo la diferencia entre saltarte la dieta y hacerla estallar por los aires. Aprender a pedir en los restaurantes, por ejemplo, me parece de lo más difícil del proceso, asumir que comer en un restaurante no tiene por qué suponer saltarse la rutina ni mucho menos hacerla estallar. Es cierto que siempre se come peor fuera de casa perola cosa cambia mucho dependiendo de qué se elija de entre toda la carta.
  10. Asume que nadie a tu alrededor lo va a entender, que te van a hacer mil preguntas, que te van a decir que no te hace falta, que todo el mundo tiene una opinión, que va a seguir siendo solo un día, que las Navidades están al caer y total hasta el verano hay tiempo de hacer dieta. La salud no entiende de operación bikini. Comer por ansiedad tiene que ver con tu salud física y mental no con el post de Insta por mucho que los demás no lo quieran asumir. Mucha gente se ofende si dices que solo saben hacer cosas en torno a una mesa, hay muchísimo tabú en torno a la comida, es mucho más educado decir que son tonterías y que no es tan importante; Cómo rechazar una comida! Asúmelo, no busques apoyo para empezar a actuar, no busques que todo el mundo te entienda y afronta tu relación con la comida como necesites hacerlo para que no se convierta en un problema que no quieres. Hay mucho más trastorno alimenticio suelto del que queremos ver, tu salud es tuya.
En realidad esto que escribo es más para mí que para nadie más, un mantra al que recurrir para prevenir que las cosas se vuelvan a salir de control. Si con esto he podido ayudarte me encantaría saberlo.

1 comentario en “¿Comes por ansiedad? Este es mi caso”

  1. Joder, justo el fin de semana me senté y dije “me tengo que respetar más, me duele el estómago y sigo comiendo, porque me lo han regalado, es un día, para una vez que les veo…” Aún me siento culpable de la decisión y de haber parado. Ufff, están todas mis excusas aquí.

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